LA GUERRA HISPANO AMERICANA

por Patrick McSherry

Un internauta americano ha sido invitado por el webmaster de esta página para que contribuya con algunos datos referidos a su visión de la Guerra Hispano-Americana. Resulta más complicado de lo que parece. Debemos examinar la cuestión desde tres ángulos: la de los americanos medios de 1998, la de los americanos medios de 1898 y la de un historiador americano que estudie el período de 1898.

LA VISIÓN DE LOS AMERICANOS DE 1998:

Siendo franco, si se preguntase al americano medio de 1998 sobre la guerra, probablemente nos encontraríamos con un chasco. La Guerra Hispano-Americana, a pesar de las tremendas implicaciones que produjo en los Estados Unidos, España, Cuba, Filipinas, Guam, Hawai y otros lugares, es raramente mencionada en los medios populares o merece la atención del público. Muchos han oído la expresión "Remember the Maine ", pero sin comprender lo que fue el MAINE. Pocos tienen alguna idea de la actuación de los EE.UU. en Cuba y menos aún en Filipinas y Puerto Rico. Los programas de Historia en las escuelas americanas dan la imagen de la guerra como una nimiedad, tres meses de diversión tomadas por un grupo de hombres desocupados pero sin ninguna ganancia real. En realidad esto va contra los hechos históricos en muchos aspectos, pero no en todos y parecería una mofa a otros países en los que la guerra tuvo tremendos efectos. Sin embargo, la guerra debe ser vista en la perspectiva histórica del ciudadano medio. La Guerra Hispano-Americana aconteció en el intervalo entre dos conflictos que produjeron gran cantidad de muertos y mucha angustia en los EE.UU., mientras que la Guerra Hispano-Americana fue relativamente poco sangrienta desde la perspectiva americana.

La Guerra Civil (1861-1865) fue un conflicto de proporciones verdaderamente épicas para el país. Murieron más estadounidenses en la Guerra Civil que el número total de muertes en todos los demás conflictos en los que los EE.UU. participaron, desde la revolución de 1776 hasta nuestros días. Las bajas fueron aproximadamente 750.000 hombres, mientras que, en la más poblada América de 1898, sólo 3.000 hombres perecieron. Casi todas las familias tenían miembros sirviendo en la Guerra Civil y hubo ciudades que enviaron unidades militares completas. La terrible consecuencia, rememorada durante años, introdujo esta guerra en la conciencia colectiva y no la dejará nunca. Hay otras formas de medir el impacto de esta guerra en la memoria colectiva y podemos emplearlos para medir la repercusión de la Guerra Civil en la gente de hoy. En primer lugar, las librerías americanas tienen la mayor proporción de su sección de Historia dedicada a la Guerra Civil. En segundo lugar, Hollywood continúa produciendo innumerables dramas de la Guerra Civil y será así durante años. También, la reproducción de las batallas de la Guerra Civil es un hobby importante en EE.UU. con unas 20.000 personas involucradas a lo largo y ancho del país.

La Guerra Hispano-Americana fue seguida de la participación de los EE.UU. en la Primera Guerra Mundial (1917-1918). Fue también una guerra de graves pérdidas, en la que los EE.UU. perdieron 177.000 hombres entre muertos, heridos y desaparecidos en el año que duró su intervención en el conflicto. En esta guerra, de nuevo, eventualmente cada familia tenía a alguien involucrado. Por primera vez, un gran número de americanos (1.200.000) fueron enviados a ultramar, siendo separados de sus familias durante un largo periodo de tiempo. Aunque esta guerra no ha permanecido tan fuertemente en la memoria como la guerra civil, el terror y la separación experimentada prendió también en la memoria colectiva. Usando nuestro sistema de medición de los efectos de esta guerra, podemos ver que casi todas las librerías tienen libros sobre la guerra y sus efectos. También Hollywood continúa produciendo películas de la época, con una gran y reciente producción sobre la guerra. Ambos conflictos, uno inmediatamente antes de la guerra Hispano-Americana y otro casi después, tuvieron un gran contraste con la propia Guerra Hispano-Americana. Durante esta guerra, pocas de las unidades reclutadas en la época, sirvieron en el extranjero ya que la mayoría permaneció en los campos de entrenamiento como si fuera un viaje de recreo. Había pocas historias tiernas o excitantes que narrar a las familias las cuales no padecieron una larga separación. Como resultado, esta guerra no caló en la memoria colectiva. Usando los criterios de medición sobre la memoria de esta guerra, aprendemos que, hasta la reciente conmemoración del Centenario, pocas librerías tenían algún trabajo sobre la Guerra Hispano-Americana. Los escasos trabajos nuevos, producidos después de la Primera Guerra Mundial, apenas profundizaban en la materia. El número de películas creadas por Hollywood referentes a la Guerra Hispano-Americana ha sido escaso en los últimos 100 años. El total puede contarse con los dedos de la mano. La Guerra Hispano-Americana, uno de los conflictos con las mayores implicaciones para los americanos, incluso hoy, no ocupa un lugar preferente en el recuerdo del americano moderno. Su centenario es raramente noticia.

LA VISIÓN DE LOS AMERICANOS DE 1898.

Los americanos de 1898 estaban movidos por una variedad de causas, algunas de las cuales no se perciben hoy en día. La más obvia y a menudo discutida causa fue la "Prensa Amarilla ". Los importantes efectos de la prensa no deben ser infravalorados, aunque es materia de debate en qué medida afectó a los americanos fuera de las grandes ciudades como Nueva York. La prensa presentaba continuamente los problemas del gobierno colonial en Cuba, con exageradas o fantásticas historias de atrocidades. Al mantener estas informaciones a la vista del público, el sendero de la guerra estaba servido. La pérdida del Acorazado MAINE y las apelaciones a la traición española hecha por los periódicos (y no por el Gobierno de los EE.UU. o la marina americana) fue el revulsivo final que permitió que el habitualmente aislacionista público americano aceptara la guerra. Hubo otras causas. La primera es que la Guerra Civil americana había ocurrido apenas hacía una generación. Hacia 1898 los horrores de la guerra comenzaban a ser olvidados en tanto que la tremenda camaradería y los timbres de gloria seguían pasando de la generación de la guerra por vía de historias familiares, reuniones de veteranos, impresión del historias de las unidades militares, etc. Esto supuso el olvido de los hechos desagradables y el mantenimiento en la memoria de los buenos recuerdos. Esta influencia permitió, a los ojos de las generaciones más jóvenes, que se considerara la guerra como algo glorioso y no se recordara la existencia del horror que es en realidad. También, a medida que el final del siglo XIX se acercaba, los Estados Unidos comenzaron a verse a sí mismos como una potencia mundial por primera vez. Robustecidos por una fuerte creencia en sí mismos, en el provenir, en su sistema político y un profundo trasfondo de misioneros cristianos, los americanos medios sentían fuertemente que estaban en un dorado y correcto camino. Estas mismas creencias tendían hacia lo que hoy en día sería una visión etnocéntrica e incluso racista. La pobreza y terribles condiciones de vida en otros países era vista como la evidencia de que los pueblos que padecían estos problemas no podían gobernarse por sí mismos o les faltaba, de alguna manera, inteligencia, resolución o ambición. Por ejemplo, aunque los americanos se sentían atraídos por Cuba, en parte, por un deseo de ayudar a la gente sobre la que se informaba que tenía que enfrentarse a duras condiciones, estas mismas condiciones hacían que el público americano creyesen que ellos mismos era superiores.

Eran los tiempos del colonialismo a lo largo y ancho del mundo. El colonialismo europeo había evolucionado con España, Portugal e Inglaterra abriendo brecha, para ser secundados por Alemania, Bélgica, Japón, Francia y Austria. La época de la construcción de imperios iba "in crescendo ". En las potencias coloniales se pensaba que este movimiento no sólo significaba obtener recursos sino una forma de mejorar la vida propia en las colonias. Estábamos en la era que se consideraba de superioridad del hombre blanco o de la responsabilidad de los poderes coloniales de "civilizar" los pueblos cuyas formas de vida se consideraban inferiores a las propias. A veces estos conceptos duales de beneficio y mejora social eran ciertos en la práctica, pero la mayoría de las veces no era verdad.

En los EE.UU. hubo primeramente una actitud de fuerte aislacionismo. Ello era a causa de su propia experiencia como colonia y porque los EE.UU. habían podido cubrir internamente todas sus necesidades de expansión. Hacía la década de 1890, esto dejó de ser verdad. El país se había expandido por el continente y se sentía confinado por primera vez en la Historia. Muchos en los EE.UU. se resistían a unirse a las tendencias colonialistas de los poderes europeos y de Japón, mas otros muchos consideraban que era lo correcto e, incluso, un deber de los EE.UU. unirse al movimiento, lo que ocurrió, en parte por accidente, en parte por el designio. En la mayoría de los casos la facilidad con la que el país obtuvo un imperio fue una sorpresa para los habitantes, incluyendo la mayoría del gobierno y de los militares. En 1898 pocos americanos habían oído hablar de la bahía de Manila y, de repente, ¡los EE.UU. reclamaban no sólo un Puerto, sino todo el Archipiélago Filipino !.

La visión de los EE.UU. hacia España en la década de 1890 debe ser también comentada. Los Estados Unidos y España habían tenido generalmente unas relaciones amigables durante la mayoría de su historia. España había ayudado a los EE.UU. durante su revolución, pero este hecho es infravalorado generalmente en los libros de historia. Sólo los últimos acontecimientos en Cuba comenzaron a abrir una brecha entre los países, contribuyendo la voladura del MAINE a la ruptura de las relaciones desde el punto de vista del ciudadano medio americano. La ocupación, por los americanos, de los restos del decreciente imperio español se justificó con la visión del propio pasado español. La larga historia colonial de España y las atrocidades cometidas en los siglos anteriores fueron el argumento de las historias sobre la Guerra Hispano-Americana que se realizaron en EE.UU. durante la guerra y después de la misma. Básicamente se sabía que España había sido una nación imperialista durante siglos. EE.UU. puso fin al Imperio Español reemplazándolo por su propio sistema que era, en realidad, un imperio igual. Los EE.UU. pensaban que estaban estableciendo el mejor sistema tanto para ellos como para las recién adquiridas colonias. El hombre de la calle en EE.UU. no se daba cuenta antes de la guerra de las grandes cualidades de los militares españoles en tan terrible trance. El Imperio Español estaba en un callejón sin salida y los EE.UU. lo acorralaron.

LA VISIÓN DE UN HISTORIADOR AMERICANO SOBRE 1898.

Una cosa que todo buen historiador debe asumir al principio de sus trabajos es que la historia no puede ser cambiada. Los pueblos de hoy en día no son responsables de los actos, buenos o malos, que sucedieron en el pasado. Con esta premisa, no hay razón por la que el debate sobre la guerra hispanoamericana no pueda realizarse de una manera seria, pero amigable, entre los ciudadanos de las naciones participantes directa o indirectamente. El insulto o los comentarios incendiarios de lo que no puede cambiarse no tiene otro propósito que reavivar viejos odios y crear otros nuevos. Estas acciones no ayudan a crear buenas relaciones internacionales o puntos de discusión.

Obviamente, la pregunta relevante que puede hacerse por un español a un americano sería si el americano lamenta que la guerra tuviese lugar. La respuesta evidente es "sí" pero posiblemente no por las causas que se esperan. Deben hacerse algunas precisiones. Como americano repudio obviamente, desde un punto de vista humano, que la guerra hispanoamericana ocurriera, ya que causó la muerte de miles de personas de todos los lados. Esta guerra, como todas las guerra, tiene un lado humano. Cada una de las personas perdidas por la enfermedad o las heridas tenían un futuro y una familia. Lo que las familias sufrieron no puede ser expresado excepto por aquellos que han pasado por ello. Todas las partes, no importa su cultura, sienten estas pérdidas. Yo creo y espero que todo el mundo entienda esto y repudie la guerra. No hacerlo sería inhumano. Además repudio que los EE.UU. se vieran involucrados en una guerra puramente imperialista.

Los EE.UU. necesitaban estaciones carboneras para su marina que permitieran a la nación llegar a ser una potencia mundial. Es una verdad inamovible. Algunos de los que detentaban el poder en EE.UU. tenían esto en mente y, casi por accidente, los EE.UU. llegaron a ser un imperio. Los EE.UU. sólo se habían involucrado en otra guerra puramente colonial en su historia (la guerra con Méjico de 1846-1848 ). A pesar de su repudio, sin embargo, reconozco que los EE.UU. no actuaron de manera distinta de las grandes potencias coloniales de la época. Sólo se necesita dar un vistazo a los acontecimientos que ocurrían en China y África para ejemplos coetáneos. Los historiadores americanos reconocen que las razones que arrojaron a los EE.UU. a la guerra con España eran las menos apropiadas examinando los hechos y consecuencias cien años más tarde. En primer lugar, España no fue responsable de la pérdida del MAINE. Sin embargo, las acciones de España en Cuba y las atrocidades que ocurrieron produjeron llamadas a la intervención en todo el mundo. Las atrocidades, no obstante, no eran tan grandes como informaban la prensa en los EE.UU. Considerando algunas de las posteriores acciones de los EE.UU. en las Filipinas, donde los americanos establecieron técnicas similares a la política de reconcentración de Weyler, los EE.UU. tienen poco margen de maniobra para hablar de esta materia. Sentado esto, los americanos no rechazan el resultado, ya que fue el principio del ascenso de los EE.UU. a potencia mundial; una situación de la que todos los ciudadanos del país, y otros no ciudadanos, obtuvieron beneficios.

Debemos darnos cuenta de que España era una potencia colonial y, en el pasado, se había involucrado en muchas guerras coloniales. Para España desacreditar a los EE.UU. por sus esfuerzos coloniales era olvidar su propio pasado. Aún así es fácilmente entendible. Cualquier nación que es víctima de la expansión imperial se cree la víctima y no de su pasado. El presente es siempre algo diferente del pasado. Como nosotros nos encaminamos hacia el futuro, España. EE.UU. Filipinas, Cuba y Puerto Rico debemos avanzar entendiendo que ninguno de nosotros es responsable de los acontecimientos del pasado ya que estas cosas no pueden ser variadas. Somos responsables de aprender del pasado y usar el pasado como guía del futuro. Nosotros, como historiadores, debemos contribuir a enseñar al mundo que la gente de ambos lados de un conflicto, son personas, no números o cuerpos sin rostro. El comprenderlo llega mediante el conocimiento y la asunción de dicho conocimiento por uno mismo.

La lectura de los relatos de dos hombres en lados opuestos del campo de batalla, describiendo los mismos sentimientos de miedo, exaltación y posiblemente amor a la patria y a la familia, nos ayuda a darnos cuenta de que, quienes estúpidamente actúan como enemigos, son en realidad un sólo pueblo. Matarse uno a otro es realmente fratricida. Para alcanzar este nivel de entendimiento, el periodo debe narrarse en ambos lados muy objetivamente. Desde luego es difícil de hacer, pero no imposible.

Dos cuestiones importantes, que son frecuentemente mal interpretadas el otro lado del mar, son la aún no resuelta causa de la explosión del Maine y la rapidez de la marcha de los EE.UU. hacia la guerra.

En relación con la primera cuestión, la causa de la explosión del Maine no se sabrá probablemente nunca. La teoría más ampliamente sostenida, la ignición de los depósitos de carbón, tiene algunos inconvenientes que podrían anularla. La posibilidad de una mina, una pequeña mina que probablemente no buscaba el hundimiento del navío sino sólo crear un incidente es todavía viable. Ambas teorías han sido probadas usando los modernos métodos informáticos de reproducción de explosiones y demuestran la posibilidad de que las averías producidas pudieran ocasionarse así. Evidentemente ninguna de las posibilidades implica a España. Durante muchos años los EE.UU. sabían que España no estaba involucrada en la pérdida del Maine y, aunque las leyes internacionales la obligaban a proteger el buque mientras estaba en puerto, España no podía proteger el navío contra un acto terrorista o un accidente interno. Aún en esa época son conocidos los grandes esfuerzos de la Marina Española para salvar a los tripulantes del Maine heridos o atrapados. Los EE.UU. han destacado las mentiras de la "Prensa Amarilla" americana y su influencia en el desprestigio de España.

Estas puntualizaciones básicas nos llevan directamente a las razones de la guerra y reflejan un nivel de honestidad que no es apreciado a menudo. Los comentarios del otro lado del mar sufren frecuentemente la falta de los datos exactos necesarios para un correcto entendimiento. Por ejemplo, se dice a menudo que los EE.UU. volaron el Maine como excusa para la guerra y ganar territorio. Esta teoría es tan desafortunada como la de hacer a España responsable de su pérdida (de hecho no es lógico que un país destruya la sexta parte de sus navíos más grandes y la mayor parte de su veterana tripulación en los prolegómenos de una guerra. Si lo que se quería era fabricar un incidente, ¿por qué no se usó un buque menos importante ?). Se arguye que el Maine no era un navío eficaz para el combate. De nuevo es incierto. En aquella época de experimentación naval en todo el mundo, se desarrollaron muchos buques de configuración poco usual. El experimental Maine, aunque menos idóneo que otros navíos, era aún más poderoso que cualquiera de los barcos del victorioso Escuadrón Asiático del Almirante Dewey. Además se mantienen dudas sobre la dotación del Maine. Se afirma frecuentemente que los oficiales del buque se salvaron porque estaban todos en una fiesta en La Habana, dejando el barco sin oficiales. De nuevo esto es falso. Su supervivencia tiene que ver con la localización de la explosión que ocurrió a proa, debajo de los camarotes de la tripulación, y no a popa donde están los camarotes de los oficiales. El capitán Sigsbee, por ejemplo, estuvo activamente al mando tanto antes como inmediatamente después de la explosión. Sólo dos oficiales se perdieron en la voladura.

La creencia de que los EE.UU. corrían hacia la guerra es también falso. Si los EE.UU. estaban esperando por la explosión del Maine para declarar la guerra, ¿por qué esperaron dos meses, del 15 de febrero al 25 de abril, para declararla ?. Si los EE.UU. querían usar la explosión del Maine como pretexto para la guerra, ésta hubiera llegado inmediatamente y el país habría estado mejor preparado para ella que cuando lo hizo. El Presidente McKinley, un veterano de la Guerra Civil, hizo un gran esfuerzo para evitar la guerra. Al final fue incapaz de hacerlo.

Resumiendo. La guerra fue una acción terrible, como todas las guerras. Las pérdidas de soldados y civiles es siempre una terrible tragedia. Los EE.UU. resultaron victoriosos y esta victoria fue muy importante para convertir a la nación en lo que es hoy. Mirando hacia atrás, no había justificación para atacar a España, aunque, en aquel momento, pocos lo sabían en el país. El más importante aspecto que tenemos que prender todos es que los americanos y españoles de hoy en día no somos más responsables de la guerra hispanoamericana de lo que los españoles lo serían de la Inquisición. Sin embargo, es un deber de todos implicarnos en el estudio de la guerra objetivamente y aprender lo que el pasado tenga que decirnos para que podamos mirar a un futuro de paz.

La Guerra Hispano-Americana. Una visión americana, por Patrick McSherry

Patrick McSherry. pmm@redrose.net

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© 1998- Francisco José Díaz y Díaz y Luis Alberto Gómez Muñoz. León. España